Gone but not forgotten: Lagunillas 20

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Nadie lo esperaba, no había carteles, ni desprendimientos ni redes cubriendo la fachada. Meses antes habían colocado unas vallas rodeando el chaflán del edificio, pero tiempo después fueron retiradas sin más y sin haber arreglado nada aparentemente.

Algo pasaba aquel 15 de diciembre del 2015 cuando la entrada a Cobertizo del Conde amanecía cortada por obreros que desviaban el tráfico; eso no era normal.

Entonces desde Málaga REC se dio la voz de alarma: ¡Estaban demoliendo el número 20 de calle Lagunillas!

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A las 8:50 de la mañana aún no había movimiento alguno, según afirmaba un Defensor en las redes, pero a las 10 ya estaba todo el dispositivo listo para demoler y una multitud se agolpaba en la calle rodeando el cordón de seguridad mientras una excavadora empezaba a devorar el inmueble.

Lo que viene a continuación es un relato de los hechos, el antes, el durante y el después de esta demolición. Una demolición que pareció haber despertado el interés de algunos grupos políticos de esta ciudad, especialmente el PSOE que dos días después denunció públicamente el asunto, algo a lo que también se sumó Málaga Ahora.

El edificio en cuestión era un bello ejemplo decimonónico de cómo resolver una situación complicada. Situado en la confluencia de calle Lagunillas con la calle Alonso Benítez tenía su fachada principal y entrada en un lado y resolvía la esquina con un diseño en chaflán con terraza en la última planta.

La fachada principal, de Bajo + 2, tenía la entrada centrada y otro portón antiguo, hoy cegado, que funcionaba como entrada para carros según parece viendo el escalón de mármol que aún hoy podemos ver en el solar. Presentaba balcones con rejas de cuadradillo en el primer piso y bonitos balcones con cierto aire modernista en la segunda planta. La fachada trasera mostraba huecos más desordenados.

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Un bulo que empezó a correr por las redes fue que esta era la casa natal de Victoria Kent. No, no lo era y desde Málaga REC se dejó claro desde el principio, pero ni aún repitiéndolo las veces que se repitió, se acabó por corregir el error, de hecho aún hoy todavía hay gente que la llama así.

Unos de los primeros en hacer correr ese bulo fue el PSOE del Ayuntamiento de Málaga, capitaneado por María Gámez que dos días después denunciaron en las redes esta demolición criticando duramente al alcalde.

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“Gámez se ha mostrado sorprendida por la eliminación del edificio sin previo aviso y en contra del deseo de muchísimos vecinos”. Diario Málaga Digital.

El Ayuntamiento de Málaga a través de su cuenta de Twitter lanzó el siguiente tuit:

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Si el edificio era propiedad de la Junta de Andalucía y había sido declarado en ruina días antes ¿por qué el PSOE Málaga no estaba al tanto? ¿o sí lo estaban y se hicieron los nuevos?

Las noticias que informaron sobre esta demolición no mencionaron a Málaga REC, aunque fuimos los que dimos la voz de alarma, como ya es costumbre ¿para qué van a decir nada?, mejor hacer cómo que no existimos.

Pero esta salida a los medios de María Gámez y su grupo criticando (muy bien hecho) esta demolición, no les salió del todo bien ya que quedaron en evidencia.

Fue Gámez la que dio fuerza a la idea de que era la casa Natal de Victoria Kent. Algo que sólo se explica por la falta de interés en nuestro patrimonio porque solamente hay que irse un año antes para ver esto:

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El 27 de octubre de 2014, María Gámez se fotografiaba con un grupo de malagueños en la Plaza Miguel de los Reyes para pedir un monumento a Victoria Kent en el lugar donde se levantaba su casa natal, hoy demolida. En el acto se colocó una pegatina en el suelo marcando el lugar del nacimiento. (Fotografía Diario Sur)

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Si en aquel momento ya sabían que la casa no existía, ¿por qué ahora denominaban este edificio como tal? Nunca nadie se preocupó de corregir este error que se ha seguido manteniendo y que al final se acabará convirtiendo en algo común como la erróneamente llamada Casa Natal de Cánovas, que también fue demolida y hoy se refieren con esa denominación al caserón anexo.

Esta idea, lejos de desaparecer fue alimentada por los medios de comunicación que hablaron del asunto. Esta demolición causó mucho revuelo en los malagueños (unos días) y la cadena local 101TV se interesó por el tema para sacar una noticia. Se pusieron en contacto con Málaga REC y lo primero que se les dejó claro es que no era la casa de Victoria Kent, que estaba situada justo enfrente donde hoy está la plaza.

Pero esto quedó olvidado nuevamente cuando abrieron la noticia con la frase: “Vecinos de calle Lagunillas han advertido del derribo de la casa donde residía Victoria Kent.”

Noticia sobre la demolición de Lagunillas 20 (Minuto 14:00 del informativo)

¿De qué sirve preguntar e interesarse por una información si al final se va a seguir cayendo en los mismos errores?

LA DEMOLICIÓN (15 de Diciembre de 2015)

La excavadora acababa con la terraza en chaflán del edificio y atacaba duramente los muros de mampostería que resistían los envites. El rótulo con el nombre de calle Lagunillas era engullido por los escombros como un triste presagio de lo que le espera a esta calle, que apenas puede contar hoy con unos cuantos edificios históricos en pie y en buen estado de todos los que poseíamos hasta hace una década.

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Asistimos así a otra muestra más del respeto que tiene Málaga por su propia ciudad histórica.

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Un humo grisáceo se levantó en el aire cuando un trozo de tabique se desmoronó en el agujero abierto donde antes había una sala de estar. No se veía nada entre la polvareda, sólo la silueta de la garra que seguía golpeando los muros centenarios.

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El agujero abierto en el edificio dejaba ver el interior. En la primera planta, una puerta abierta aún con marco nos dejaba entrar en una cocina de la que colgaba un reloj parado y al fondo, un cuarto de baño.

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Retirando la vista del edificio un momento y siguiendo la dirección que tomaba la excavadora con una reja colgando de la garra aparecieron un montón de hierros doblados y amontonados a un lado ¿para qué?

Toda destrucción de edificios históricos no estaría completa sin que entre en juego el expolio de aquello que se puede vender. No son aquellos trozos de escaso valor como pueden ser antiguas tuberías, cableado o trozos de aluminio sino esos elementos de gran importancia patrimonial como columnas de fundición o de mármol, puertas y ventanas centenarias, vigas o herrajes, cualquier cosa puede valer dinero y ¡si la administración y el propietario nos deja! ¿por qué no vamos a hacerlo?

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A ese montón fueron a parar todas las rejas antiguas de ventanas y balcones, la farola de los años 50 que colgaba de la fachada trasera y el brazo decorativo de hierro que antaño sujetaba una señal de tráfico. Todo lo que daba valor e interés tanto al edificio como al barrio, expoliado.

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El estruendo provocado por los cascotes cayendo iba acompañado de los vítores dados por los malagueños allí presentes viendo el triste espectáculo sin ser conscientes de que eso que se nos iba era una parte de nosotros que nunca vamos a poder recuperar.

Entre la multitud congregada alguien se acerca y dice: “Me lo van a dar to’, to’, to’, lo de los balcones, los grifos, ¡me lo llevo todo!, ya lo tengo hablado con los obreros.”

Era un vecino del barrio que presenciaba la demolición esperando que todo acabara para meter en su furgoneta los herrajes y venderlos: el expolio consentido de un Centro Histórico Protegido.

¿Y los culpables? Unos dando órdenes a las máquinas y otros sentados en los despachos de las instituciones públicas. Esos mismos que firman documentos para proteger edificios y al mismo tiempo firman su demolición. ¡Los culpables!

La excavadora terminaba de rematar la última planta del edificio mientras todo seguía inmerso en una nube de polvo. Apretando la pala contra el suelo arrastraba todo a su paso y es ahí donde se pudo ver unas bonitas losas hidráulicas que caían en cascada y acababan enterradas en los escombros.

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El edificio seguía aguantando estoico colgando en el vacío pese a que según los informes de urbanismo decían que había peligro por “ruina inminente.”

¿Era así realmente? No sería la primera vez, ni la última, donde unos informes técnicos dicen cosas que no son verdad.

Uno de los momentos más tensos fue cuando la pala empezó a apretar con fuerza la viga sobre la que se apoyaba la cubierta. Apretaba más y más con la intención de partirla pero la viga se mantenía firme. Necesitó 20 segundos apretando sin parar hasta que se rompió; pero no pasó nada, el tejado no se inmutó lo más mínimo, ni siquiera las tejas se movieron. Continuó la excavadora embistiendo los muros mientras los cascotes de ladrillos caían resonando sobre la calzada y haciendo temblar toda la carretera bajo nuestros pies.

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Amanece un nuevo día, hacía siglos que el sol no daba en ese lugar porque hacía siglos que ese sitio estaba ocupado por un edificio, ese edificio que nos robaron para “disfrutar” de la enésima alteración del trazado histórico protegido.

¿Y todo para qué? Para nada, porque la destrucción de este edificio ya estaba planteada en el PGOU desde hacía años para abrir una conexión directa con calle Victoria desde la Cruz Verde.

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Pero entonces ¿para qué hacer el paripé de edificio en ruina si ya tenían pensado derribarlo antes de ser declarado como tal?

Nos encontramos en un Centro Histórico Protegido por la Junta de Andalucía y en este ámbito cualquier demolición deberá ser excepcional y sólo cuando la situación sea irreversible. Entonces “presuntamente” si tenemos un edificio en “presuntamente” buen estado y queremos “presuntamente” demolerlo es necesaria una declaración de ruina. ¿Pero como conseguirlo si está en buen estado y en un entorno protegido?

Analicemos: El Ayuntamiento de Málaga quería derribarlo, pues así lo tenía planeado en el PGOU y la Junta de Andalucía, propietaria del edificio, lo dejó vacío de vecinos y abandonado a su suerte durante años sin intención “presuntamente” de restaurarlo y darle un uso. Y después de años de abandono y degradación la Junta de Andalucía pide la declaración de ruina y la demolición y el Ayuntamiento, demuele.

Ambas administraciones “presuntamente” se pusieron de acuerdo para incumplir “presuntamente” la ley que recae sobre nuestro Centro Histórico Protegido BIC. Las mismas leyes que ellos deben hacer cumplir.

¡Bravo por ellos! y por todos los malagueños que dejan que lo hagan.

Hoy, todo parece olvidado, aquellos que al principio hablaron tanto de Lagunillas 20, que decían preocuparse por el Patrimonio Histórico de nuestra ciudad y que sufrían como algunos de los Defensores, aquellos que tanto bombo dieron semanas después, hoy guardan silencio. ¿Dónde está toda esa gente? ¿Dónde está toda esa preocupación? ¿Por qué la hubo en aquel momento y hoy se ha esfumado? ¿Era real o interesada?

Los Defensores del Patrimonio nunca olvidaremos esta demolición ni todo lo que la rodeó, porque tenemos la obligación de hacer llegar a los malagueños del futuro lo que hoy nos están haciendo, para que conozcan realidad de nuestro tiempo y de los que hoy dicen que están haciendo a Málaga grande y esos que dicen que Málaga está mejor que nunca.

Gone but not forgotten.

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