Lo que la mentira esconde: Marquesa de Moya 9

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¿Y qué esconde?

Una falsa restauración patrimonial y un engaño provocado por la permisividad de los organismos que deben velar por la conservación de nuestro Patrimonio Histórico.

¿Pero qué ha ocurrido en este edificio?

En este artículo vamos a verlo punto por punto y será el primero de futuras publicaciones centradas en ejemplos tan dramáticos y repugnantes como este que han significado la destrucción absoluta de obras malagueñas únicas y, en la mayoría de los casos, ¡protegidas!

No es ninguna novedad decir que esta ciudad no respeta su rico patrimonio histórico, en el pasado hemos dejado arrasar barrios enteros y hoy seguimos haciéndolo, zonas únicas que en pro de esa modernidad rancia y desfasada hemos dejado asesinar y hoy muchos malagueños siguen llorando su pérdida. Lloran lo perdido pero no defienden eso que aún tenemos, quizás esperan a que también se pierda para llorarlo en el futuro.

El caso que ahora nos ocupa es calle Marquesa de Moya, 9, otra pérdida de muchas que ha pasado sin que a nadie le haya importado. Lo que ha ocurrido aquí no tiene nombre pero haríamos bien en ponernos a buscar uno para denominar lo que han hecho.

Cualquier persona que en los últimos años se haya atrevido a pasar por calle Marquesa de Moya y no se ha dado media vuelta diciendo “yo por ahí no paso”, habrá podido ver como donde antes había un edificio abandonado ahora hay un resplandeciente edificio color blanco nuclear.

“¡Han restaurado el edificio que había!” dirán algunos…

Pero esos algunos ya pueden callarse y atender a lo que viene a continuación y que les sirva para abrir los ojos ¡a la verdad! de lo que ha ocurrido.

Se nos olvidan muy rápido las cosas que teníamos y a los promotores de estas intervenciones les viene muy bien ese olvido del malagueño para hacer y deshacer a su antojo mientras nos quitan nuestras señas de identidad, nuestros edificios y nuestra historia.

Marquesa de Moya, 9 es una muestra clarísima de los métodos que usa (la administración pública y los propietarios) para:

Primero: dejar morir nuestros edificios

Segundo: Poco menos que obligarnos a arrodillarnos y decir “gracias” a esos mismos que han provocado su destrucción y su expolio porque “supuestamente” lo ponen en valor después invirtiendo su dinero.

¡Tenemos encima que dar las gracias al inversor por destruir nuestro Patrimonio Histórico! ¡Tócate los co… las narices!

 

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Alzado del proyecto de construcción de Marquesa de Moya, 9

 

Haciendo un recorrido por la historia de este inmueble tendremos que viajar a 1878 para verlo nacer. El nuevo edificio se planificó como un Bajo+2 aunque a día de hoy tenemos un Bajo+3. Las razones pueden ser varias: una es que durante la construcción se decidiera construir una planta de más y otra, que años después se decidiera construir una ampliación haciendo la planta ático.

Pero en este caso y en base a la investigación realizada, lo más probable es que este edificio fuera construido así desde el principio cambiando el diseño inicialmente aprobado, porque no parece haber indicios que evidenciaran una reforma posterior, quizás era algo que podía haberse estudiando en profundidad viendo el interior del edificio, pero como se demolió entero eso ya no es posible. A veces, una cornisa más pronunciada evidenciaba que ahí terminaba el edificio original y después venía una ampliación, pero otras veces era simplemente una forma de separar la parte más noble de la zona alta usada por el servicio y las tareas domésticas.

El edificio, de planta irregular, tenía un zaguán en el que a través de un arco se accedía a la escalera en un cuerpo rematado con un torreón central que daba a un patio de mediano tamaño y al fondo se encontraban las cocinas. El tejado de teja árabe se coronaba con cumbreras bicolores azules y amarillas al igual que la cubierta del torreón.

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Marquesa de Moya, 9 en la década de los 60

 

Este edificio quedó abandonado en las últimas décadas del siglo XX y en el año 2011 se realiza la primera intervención perjudicial en lo que a su preservación respecta, procediéndose al picado de cornisas e impostas después de sufrir algunos desprendimientos debido al abandono sometido por el propietario y a la inacción de las administraciones públicas.

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Cornisa e impostas picadas tras los desprendimientos. Foto año 2014

 

http://bodrios-arquitectonicos-centro-malaga.blogspot.com.es/2011/05/ruina-edificio-historico-malaga-juderia.html

Tiempo después se produjo la demolición total, excepto la primera crujía, que se mantuvo colgando sujeta con vigas de acero desde el interior ahuecado. En el año 2015, se apuntalaron los restos existentes y aparecieron carteles de una constructora en sus balcones.

El edificio conservaba hasta entonces su cubierta y caballete vidriado, toda la rejería exterior, las carpinterías exteriores y unas pocas interiores, dos bajantes completas de barro cocido, algunas yeserías en techos y algunos restos de azulejos en el zaguán (que podían haber servido para hacer una restauración fiel). Además, al poco tiempo de comenzar las obras salieron a la luz algunos restos de pintura mural decorativa en el interior, concretamente en el arco carpanel del zaguán.

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Ya en 2016, aquella primera crujía y arco del zaguán que era ¡lo único! que habían mantenido en pie de lo que antes era un edificio completo, también eran demolidos.

En los primeros meses de 2017, empezaron a actuar en la fachada y las dos bajantes completas de barro cocido sin vidriar que se situaban a ambos lados de la fachada ahora yacían esparcidos por la calle entre los escombros. Porque lo de reutilizar los elementos de interés existentes en un edificio con Protección de Grado II ¿pa’ qué?

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Palés apilados, trozos de andamio tapados con plásticos y… ¡rejas! Esa era la imagen que se podía ver días después en plena calle, 5 rejas del siglo XIX que habían sido quitadas del bajo y estaban amontonadas allí ¿para qué? ¿iban a ser restauradas? ¿por qué se quitaron? ¿hacia dónde iban?

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Pero al echar un ojo a la fachada ¡habían aparecido otras rejas nuevas! y no sólo en los 6 huecos del bajo sino que las 18 rejas de los balcones y antepechos de la fachada eran nuevas, ¡nuevas! Todas las rejas originales habían DESAPARECIDO.

¿Dónde estaban las rejas originales? ¿Por qué se habían quitado? ¿Dónde se las habían llevado?¿Por qué se habían puesto otras nuevas? ¿Por qué esas nuevas no seguían el mismo diseño?

Todas las rejas originales del siglo XIX han sido sustituidas por unas copias completamente nuevas, ni los barrotes, ni el pasamanos, ni la greca inferior son como eran, no siguen ni el estilo, ni el diseño ni el tamaño de las anteriores.

 

Son una burda imitación historicista de unos elementos históricos de verdad ¡que teníamos! y han sido expoliados.

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Pero además de las rejas, el resto de la fachada era nueva igualmente, las bases de los balcones que originalmente eran de losas de barro y armazón de hierro con esquinas curvas habían sido sustituidos por unos bastos mazacotes de hormigón armado (ver imágenes anteriores).

El engaño a estas alturas es más que evidente pero echando una vista lateral a la fachada se podía ver con mayor claridad. El lienzo de fachada que era lo único que habían dejado había sido rehecho también incluyendo a su paso esas losas de hormigón a modo de balcones.

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La cornisa superior, que había sido retirada tras los desprendimientos de 2011, no se había repuesto tampoco y en su lugar aparecía una volada cornisa de hormigón. Pero había algo más, ya que la fachada había sido mutilada ¡otra vez!

La propiedad, en vez de reconstruir los elementos faltantes retirados tras los desprendimientos: las líneas de imposta y la cornisa, decidió que el edificio iba a quedar mejor sin ellas, convirtiendo una sencilla fachada de arquitectura doméstica del siglo XIX en ¡un “moderno” y rectilíneo cubo color blanco nuclear!

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Antes y después del edificio. Las cornisas e impostas no se reconstruyeron y se optó por no colocar nada dejando la fachada completamente limpia

 

El canalón y las bajantes de barro que se conservaban tampoco se repusieron y en su lugar se colocó un canalón nuevo de zinc. La parte baja, originalmente tenía un zócalo de ladrillo visto que no se dudó en cubrir con cemento para después colocar un zócalo de piedra nuevo.

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Uno de los elementos característicos de nuestra arquitectura, los zócalos de ladrillo visto, destruido para colocar uno nuevo de piedra

“No todos los edificios históricos merecen la pena, mejor hacer algo nuevo de calidad”, frase usada por mucha gente para justificar demoliciones de edificios históricos.

Demoler para hacer algo nuevo ¿de calidad?

Un edificio histórico es mucho más que lo que vemos, es un conjunto de artes y oficios aplicados y mejorados a lo largo de los siglos: todo lo que se hacía tenía un por qué.

Normalmente, hay detalles que para el ojo inexperto pasa desapercibido pero para eso estamos los Defensores del Patrimonio, ¡para enseñar a verlo y aprender todo de él!

A menudo, algo nuevo es considerado como algo mejor, pero eso no es así del todo, ya que hoy en día estamos más preocupados en que todo sea lo más barato y rápido posible y la mayoría de los profesionales de hoy no han aprendido esa maestría que tenían los profesionales del pasado. Todo lo hecho en Marquesa de Moya, 9 puede ser justificado por muchos como una forma de mejorar un edificio viejo y sin valor pero si observamos la fachada de cerca podremos ver que esas líneas que parecen ser rectas en realidad no lo son tanto, vemos abombamientos en toda la fachada, en la cornisa y en los balcones.

Pero es que la fachada original ¡sí que era recta! Aunque para algunos resulte sorprendente, hace 139 años y con la tecnología de entonces supieron hacer una fachada ¡recta! y ahora, nosotros hoy, con la tecnología y todo el saber que se supone que tenemos ¿hacemos esto? ¿De verdad lo que hacemos hoy es mejor que lo hicieron otros antes?¿Atendemos a los detalles de la misma forma? ¿Nos preocupamos por hacer cosas buenas?

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Si miramos las líneas de la cornisa vemos que la fachada no es recta y está abombada en muchas partes, algo acentuado después de dejar la fachada reducida a la mínima esencia

 

Otro detalle a tener en cuenta es que los muros de edificios antiguos a menudo son muros de gran grosor, que aparte de función estructural también servían para regular la temperatura interior. Al abrir los huecos en las fachadas solían hacer rebajes para así permitir la entrada de más luz a la estancia, ese rebaje a veces también era utilizado para guardar las puertas o contraventanas cuando estaban abiertas y ganar espacio en la estancia sin que molestaran. La obra actual ha retraído las puertas y ha eliminado esos rebajes.

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Con los rebajes originales y la posición de las carpinterías la fachada era mucho más delicada, ahora da sensación de pesadez y tosquedad

 

Y por último, todo lo hecho en el edificio en particular se ha extendido a la calle, ya que el poyo de fábrica y ladrillo que se encontraba en la esquina y que antaño era usado por la gente para sentarse o para colocar macetas alegrando las calles ¡ha sido quitado!

Estos elementos solían construirse para evitar esquinas peligrosas o insalubres y en el centro histórico abundaban debido a los retranqueos de las construcciones y las callejuelas estrechas.

¡Pues hasta siempre! Ya no existe tampoco ¿aparte de destruir un edificio histórico hay que soportar la pérdida de elementos de nuestras calles? Parece que sí.

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El poyo escalonado que se encontraba en la esquina ha sido eliminado

 

¿Recuperación o Destrucción?

Después de todo lo explicado, no cabe duda que ha sido una destrucción, ni recuperación, ni restauración, ni rehabilitación, ni nada que tenga que ver con el respecto Patrimonial.

¿Dónde está el edificio histórico protegido? ¿Quién ha velado por hacer que se cumpla la ley de edificaciones protegidas? ¿Dónde fueron a parar las rejas que se han expoliado? ¿Dónde han estudiado los supuestos profesionales que han hecho eso a un edificio histórico? ¿Estos son los nuevos aires de recuperación patrimonial que nos vienen?

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Edificio original a la izquierda, edificio nuevo a la derecha

 

Esta obra va a entrar a formar parte de ese, cada vez más nutrido, grupo de edificios históricos que sólo en estos últimos años han desaparecido sin más y sin que se ponga el foco en ellos, o nadie se da cuenta o los que se dan cuenta no tienen interés en hablar de ellos. Lo llevamos viendo desde hace mucho tiempo en calle Carretería, calles del entorno, en otras del mismo centro y en los arrabales.

La destrucción y la falsificación histórica continúa y por desgracia mientras la población no se preocupe y los profesionales del sector concienciados sigan en silencio nada cambiará.

Joyas malagueñas acabarán convertidas en aberraciones arquitectónicas burdas y baratas que harán de nuestra ciudad un lugar sin valor para locales y visitantes ¡y nos está saliendo muy caro!

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